Cuando llega el verano, en muchos lugares del mundo vuelven los incendios forestales despiadados que arrasan nuestras tierras, causando mucho daño, no solo a la naturaleza, sino, en el peor de los casos, a la vida humana.
En estos momentos es cuando tomamos conciencia de la admiración y el respeto que tenemos a una profesión: los bomberos y las bomberas.
En el mundo organizativo, y salvando las distancias, también hay bomberos: “los directivos bomberos y las directivas bomberas”. Son aquellos que también apagan fuegos, de hecho, casi a diario, aunque no son fuegos reales, sino fuegos simbólicos.
A veces se trata de crisis o de emergencias derivadas de la elaboración del producto que se quiere ofrecer a los clientes. A veces son por temas económicos, o por algún conflicto social entre los colaboradores de la organización.
Hay muchos fuegos, aunque sea en sentido metafórico, dentro de las empresas. Y estos directivos han integrado, de alguna manera, que su rol es estar apagando continuamente estos fuegos. Y en parte los respetamos y los admiramos también en este aspecto.
Pero, a diferencia de los bomberos de verdad, estos directivos suelen llegar a la frustración y decepción, tanto propia como ajena, por su rol de “directivos bomberos”, y acaban quemándose y quemando también a las personas de su entorno.
Es por este motivo que la organización necesita identificarlos, entender las causas de su existencia y, en lugar de echar más leña al fuego, hacer todo lo posible para salvarlos de su liderazgo reactivo y así conseguir líderes que sean un ejemplo de liderazgo sostenible para la empresa.
Los directivos bomberos responden al medio adaptándose de forma reactiva, es decir, intentando, con las mejores intenciones, dar valor, aunque sea abusando del control, del perfeccionismo, de la crítica, del liderazgo duro, de la sobreexigencia, o de una ambición fuera de medida.
Y todo ello responde a una intención inicial muy legítima y respetable: la de dar la mejor versión. Pero a veces, cuando las formas superan el fondo, o el beneficio final, es cuando es momento de poner frenos.
El rol de directivo bombero tiende a cronificarse, llegando a ejercer un liderazgo reactivo que causa dolor propio y ajeno.
Para poder ayudar y acompañar al directivo bombero, te sugiero las siguientes acciones:
1. Agradecerle su compromiso.
Cuando alguien exagera su cualidad o valor que aporta al equipo, lo primero que hay que hacer, antes de señalarle o penalizarle por ello, es reconocerle la intención o necesidad legítima que intenta cubrir. Los directivos bomberos son gente comprometida, son gente que “suda la camiseta”. Y es bueno que sean “vistos” por ello.
Cuando alguien siente que el resto de las personas le reconocen su rol interno dentro del sistema deja de tener la necesidad imperiosa de reivindicarlo.
2. Encontrarlos ahí donde están.
No hay cosa peor para un directivo bombero que ver a alguien que intenta frenarlo desde la no acción o desde posicionamientos más naífs o desenfadados. Para acompañarlo realmente hay que ir con él o con ella allí donde prestan sus batallas, allí donde están sus fuegos, para ver y entender cuál es la dimensión de su día a día.
Hay que vivir su día a día. Allí es donde empezaremos a conectar con su realidad y a crear puentes de confianza.
3. Ayudar a la persona a que reflexione sobre si es directivo bombero por vocación o por obligación.
Hay profesionales a los que les va la marcha y que hacen de bombero incluso cuando no se requiere. En cambio, hay otros perfiles que no sienten la “llamada” ante emergencias, pero entienden que tienen que cumplir con el deber del directivo bombero. No es la misma estrategia acompañarlos en estos dos casos.
Tanto si se trata de un directivo bombero por devoción o por obligación, ambos pueden causar impactos negativos en sus respectivos equipos.
4. Evitar invitarlos a que sigan haciendo de bomberos.
Muy a menudo, llevamos a este tipo de directivos a ejercer este rol porque sabemos que lo hacen bien, y sabemos que en cualquier organización hay momentos de crisis o emergencias que habrá que solucionar. Por lo tanto, siempre estamos favoreciendo que estos líderes sean quienes se encarguen de apagar los fuegos.
Exponer de forma segura a otros directivos ante situaciones de crisis, aunque no tengan tanta experiencia, es una posible solución para dejar de quemar a los mismos de siempre.
5. Simplificar su vida.
Es importante que la organización acompañe a estos directivos para que no tengan que vivir siempre altos niveles de estrés. Para ello será importante escucharlos para que puedan trabajar en condiciones que les permitan contribuir con su mejor versión; especialmente en los casos de los directivos bomberos por obligación, porque este perfil es el que más sufre.
La organización tiene que reflexionar, empezando por los responsables de estos directivos, acerca de cómo se les está poniendo difícil para salirse del rol de directivo bombero.
6. Instaurar de forma periódica gabinetes de crisis.
Estos espacios permiten compartir con estos directivos flujos de información y canales de comunicación que eviten malentendidos, duplicidades u otras ineficiencias dentro de los procesos organizativos.
Esto hará que estos directivos no tengan que hacer tanto de bomberos porque podrán compartir de forma más abierta sus inquietudes, necesidades y planificar mejor sus acciones.
7. Darles el control de los tiempos.
No hay una cosa más alienante que el hecho de que un directivo no sienta que lleva el tiempo ni el timón de sus proyectos. A este tipo de directivos hay que estimularlos y retarlos de forma sostenible para que cumplan con sus objetivos, pero dándoles libertad para que lo hagan en la forma y los tiempos que consideren más adecuados.
Si hay horizontes temporales clave que se necesitan cumplir, dejar que sean ellos quienes organicen y distribuyan el tiempo de sus actividades.
8. Fortalecer el equipo de colaboradores del directivo bombero.
Muy a menudo, un líder bombero es un indicador de un liderazgo colectivo débil. Es por esto que el directivo cae en la inercia de ser siempre el que impulsa y resuelve. Cada vez que ese efecto se produce, se retroalimenta la necesidad de que exista el líder bombero. Y ahí viene el problema. Mientras el líder bombero se multiplica para apagar fuegos, su equipo se relaja sabiendo que su líder ya resolverá todo porque puede con todo. Para que un equipo sea fuerte, se necesita trabajar la máxima versión de todos los liderazgos individuales.
Cuando alguien, especialmente su líder formal, sobresale de forma muy exagerada respecto al desempeño de los demás integrantes del equipo, estamos ante una clara señal de alarma de un equipo colectivamente débil.
9. Dejar de ahogar a los mejores de la organización.
Es posible que muchos directivos bomberos no hayan nacido siendo bomberos, pero sí buenos directivos o directivas muy resolutivos, que al final se han convertido en cuellos de botella y en liderazgos autocráticos. Porque la organización ha puesto todo el peso sobre ellos. Así han asumido que su rol para dar su máxima contribución es ser directivo bombero.
Esto conlleva que, de forma injusta, la organización los acabe arrinconando o culpabilizando cuando acaban generando presión excesiva y enrareciendo el clima laboral.
Una organización que apueste por la productividad sostenible tiene que hacer todo lo posible para no llevar a sus mejores directivos y directivas a convertirse en “directivos bomberos” que trabajan de forma estresante apagando fuegos todos los días.
Y sí, apostar por liderazgos sostenibles que sepan apagar fuegos sólo cuando toque. Ni más, ni menos. Sólo cuando sea necesario.
Así pues, si te consideras un directivo o directiva bombero, no dudes en reflexionar acerca de estos 9 puntos. O si tienes a alguien en tu equipo, o un responsable, que cumpla con este perfil, ayúdales a ir disminuyendo, poco a poco y desde la plena comprensión y reconocimiento, su necesidad de estar apagando fuegos continuamente dentro de la empresa.
Enric Arola












