Los conflictos en los equipos, así como en la vida privada, provocan mucha tensión y desgaste emocional. Por este motivo a menudo los conflictos tienden a evitarse, o a esconderse, en entornos profesionales, hasta que la situación estalla.

 

Muchos líderes optan por la armonía artificial, en palabras de Lencioni, ya que no se sienten capaces de gestionar el conflicto de forma exitosa en sus respectivos equipos. Pero no puede existir liderazgo sin gestionar conflictos.

 

¿Y si el conflicto fuera el gran aliado para evolucionar y mejorar resultados? ¿Y si el conflicto fuera un diamante por pulir para aumentar exponencialmente el valor de la contribución del equipo?

 

El conflicto es uno de nuestros grandes maestros para aumentar nuestro liderazgo personal, así como el liderazgo colectivo de nuestro equipo.

 

Si estoy paseando por un bosque, puedo tomar consciencia de los elementos que están presentes en ese instante: Estoy yo, como protagonista de mi historia, están los árboles y distintos elementos de la naturaleza, está el bosque como conjunto, y están los elementos meteorológicos que afectan y determinan el momento concreto que estoy viviendo (sol, lluvia, viento, etc.).

 

En un conflicto pasa lo mismo. Estoy yo, como persona afectada por la tensión creada por dicho conflicto. Están las personas (árboles) con las que me discuto o con las que existe la tensión en ese momento. Está el entorno (bosque) que provoca que las personas que ocupamos los roles nos “enfrentemos” para defender posicionamientos y necesidades legítimas para el bienestar de ese entorno. Y, por último, están las condiciones actuales de este entorno (meteorología) que determinan la tensión o polarización que se da en este preciso momento en el tiempo.

 

Solemos simplificar la gestión del conflicto pensando y abordándolo con la mirada única del protagonista, y con suerte, tomando consciencia de los árboles. Pero difícilmente nos paramos a observar el bosque, y las condiciones meteorológicas actuales, para comprender mejor el conflicto y así aprender a resolverlo mejor.

 

Si queremos abordar el conflicto de la forma más saludable es importante empezar a cambiar nuestras creencias respecto al conflicto. En lugar de verlo como un obstáculo que da mucha pereza afrontar y que hay que evitar o minimizar, necesitamos verlo como una gran oportunidad para crecer como individuo, como equipo, y para hacer evolucionar la cultura del sistema al que pertenecemos.

 

Cambiar de mentalidad ante el conflicto nos va a hacer “quererlo” para que nos enseñe cómo salir reforzados de la situación actual que nos está generando mucha tensión.

 

 

Si una olla a presión no tuviera una válvula para despresurizarse acabaría explotando y las consecuencias podrían ser muy dañinas para el que está cocinando y para su entorno.

 

Tenemos que aprender del conflicto para que nos ayude a despresurizar las grandes tensiones que existen (y existirán) en los equipos, debido a un entorno cada vez más polarizador.

 

 

¿Cómo puedo aprender de un conflicto?

 

Ante un conflicto es bueno tomarse un espacio de reflexión personal para hacerse una serie de preguntas, como si se tratara de un simple checklist que nos ayude a comprender la situación del protagonista, nos haga entender a los árboles, ver también al bosque, y conocer las situaciones meteorológicas actuales.

 

Conflicto

 

Aquí van algunas de estas preguntas que te recomiendo hacerte cuando estés viviendo un conflicto en tu equipo:

 

  • ¿Cómo nace el conflicto? ¿Para qué existe? ¿Qué función cumple el conflicto como solución?

 

  • ¿Cuáles son los roles (que no personas) involucrados en el conflicto, y qué defienden cada uno? Recuerda que los roles vienen por los conflictos, no por las personas.

 

  • ¿Qué necesidades del equipo o de la cultura de la organización están enfrentadas, y están generando el conflicto concreto que tengo con una persona específica?

 

  • ¿Cuál es la historia detrás de la persona que está defendiendo el rol que está en conflicto conmigo? ¿Cómo esta persona está a gusto, y en equilibrio, con el rol que debe defender?

 

  • ¿Qué es mío de este conflicto? Es decir ¿Qué necesidad mía no está resuelta y sale a la luz a través de este conflicto?

 

  • ¿Qué quiero que salga reforzado de mi liderazgo individual al gestionar este conflicto? ¿Cómo se va a reforzar la dinámica del equipo si se gestiona el conflicto de forma exitosa?

 

  • ¿Qué va a ocurrir (seguro) si todo sigue igual, y el conflicto sigue sin resolverse?

 

  • ¿Qué necesito soltar para gestionar el conflicto?

 

  • ¿Cuál es mi respuesta emocional ante el conflicto? ¿Cómo de vulnerable me muestro ante los demás, sin caer en la coraza emocional, ni en el victimismo?

 

  • ¿Qué paso, por pequeño que sea, voy a dar para resolver el conflicto, independientemente de lo que haga, o no haga, la otra parte?

 

 

Te animo a que, ante un conflicto, te hagas algunas de estas preguntas. Las que tengan más sentido para ti. ¡Pero háztelas! Verás como ves ese conflicto con otros ojos.

 

Aprender del Conflicto

 

¡Atrévete a afrontar el conflicto con mentalidad de aprendiz!

 

 

Contacta con nosotros si deseas impulsar el liderazgo colectivo de tu equipo.

 

 

Enric Arola
Enric Arola