La vida es un juego de polaridades, de extremos, que nos muestran un gran rango de posibilidades.

 

Como si se tratase de una balanza, la vida busca el equilibrio entre estos polos opuestos que representan realidades y necesidades que pueden llegar a ser antagónicas. Como la noche y el día, o como el 1 y el 0.

 

El desarrollo del individuo también tiene que ver con este juego de polaridades. Distintas motivaciones internas que, aunque opuestas, habitan en el interior de la persona.

 

Arnold Mindell, fundador de la Psicología Orientada al Proceso (Process Work) distingue en su metodología entre dos identidades del individuo:

 

Identidad Primaria: Se trata de aquello con lo que nos identificamos plenamente, y que conocemos su impacto en nosotros mismos y en los demás, nos guste o no. Es una realidad personal con la que hemos asociado de forma consciente nuestra manera de pensar, comunicar y hacer.

 

Identidad Secundaria: Se trata de aquella parte nuestra identidad que no reconocemos plenamente y que, por consiguiente, marginalizamos en algunos contextos de nuestra vida. La evitamos, aunque sea de forma menos consciente, por miedo a su impacto en nosotros y en los demás, y por las consecuencias negativas que puede llegar a tener en nuestra Identidad Primaria.

 

Muy a menudo el desarrollo personal y profesional pasa por aumentar consciencia sobre la Identidad Secundaria, así como en el compromiso pleno a impulsarla. Sólo así la persona puede seguir aumentando (ya que el proceso no acabará nunca) su equilibrio interior que le haga ser más auténtica, más plena, y más llena de recursos.

 

Cómo explorar la identidad secundaria

 

Habitualmente, las personas seleccionamos situaciones en nuestra vida donde dejamos entrar, aunque sea temporalmente, nuestros comportamientos relacionados con nuestra identidad secundaria. Aquí van algunos ejemplos:

 

Aficiones

 

A menudo cuando conocemos las aficiones de algunas personas nos sorprenden en gran medida porque nunca hubiésemos dicho que tendrían dicho hobby. En estos casos puede darnos la pista de que la afición está intentado satisfacer en algún grado la identidad secundaria.

 

Un ejemplo de ello puede ser el de una persona tímida y prudente en la mayoría de sus ámbitos personales y profesionales, pero que se apunta a un curso de un baile con una alta expresividad. Todos hemos visto personas transformarse encima del escenario.

 

Disfrazarse

 

En entornos en los que todo se permite, como pueden ser los carnavales, las personas podemos “permitirnos” ser quien pensamos que no somos; ya que en ese contexto el impacto en los demás está controlado.

 

En estos casos, por ejemplo, podemos aumentar nuestra dosis de extroversión, si tendemos a ser más introvertidos, o a la inversa.

 

Personas referentes que admiramos

 

Lo que vemos de bueno en los demás, en parte, lo tenemos en nosotros mismos, por mucho que no lo creamos, o lo lleguemos a integrar. El hecho de ver esa cualidad en las otras personas, y que no llegamos a desplegar al mismo nivel, no significa que no tengamos el potencial para hacerlo si, una vez más, nos damos el pleno permiso.

 

Personas que rechazamos

 

También ocurre con las personas que nos provocan, por algún motivo, algún repelús por su energía o por sus comportamientos. Cuando esto ocurre puede llegar a ocurrir que esa persona se convierte en un “espejo” de una parte de mi identidad que (aunque sea exagerada) no llego a aceptar como mía.

 

La prueba está en que esta misma persona puede ser alguien muy admirado por otras personas. Así que, como suele ocurrir, lo que nos detona de los demás es muy a menudo un tema que tengo que trabajarme yo, más qué ser un trabajo exclusivo de la otra persona.

 

Así pues, para seguir desarrollándonos y buscar el anhelado equilibrio personal, que nos dé el mágico “Flow vital” que nos haga sentir más felices, no nos queda otra que seguir explorando y dando cancha a nuestra identidad secundaria.

 

Infografia Cómo explorar la identidad secundaria-Enric Arola

 

 

Cómo impulsar la identidad secundaria

 

✅ Cultivar nuestras actuales aficiones, así como probar de nuevas que nos puedan dar la opción a expresar, o a comportarnos, de forma distinta a como lo solemos hacer. Muchas personas, que se han atrevido plenamente, han llegado a hacer de su afición su profesión.

 

✅ Visitar lugares nuevos, participar en eventos distintos, relacionarnos con personas de diversos perfiles, o cambiar hábitos diarios, para explorar mi identidad personal menos atendida.

 

✅  Reconocerme a mí también el potencial en las habilidades que reconozco en las personas que admiro y, haciéndolo, trazar un plan para desplegarlas de forma más intensa.

 

✅  Aumentar mí curiosidad en aquello que me molesta de una persona para preguntarme:

    1. ¿Qué parte de lo que me molesta de esta persona también es mío, y qué no estoy aceptando?
    2. ¿Qué parte de esta energía/actitud/comportamiento necesito aumentar, aunque sea en algún nivel?

 

Al final se trata de “completarnos” para poder expandir nuestro liderazgo personal y así contribuir a impulsar el liderazgo colectivo.

 

Necesitamos aumentar el equilibrio interno para impulsar el equilibrio exterior.

 

Enric Arola

Enric Arola

 

 

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