El acto de liderar es algo plástico, ya que requiere de un nivel de adaptabilidad y flexibilidad para hacer frente a las necesidades del contexto.

 

Muy a menudo las personas no llegamos a explotar nuestra capacidad de impactar en el entorno, al “jugar un perfil bajo” como líderes. No nos llegamos a atrever a dar nuestra máxima versión por miedo a sus consecuencias.

 

A veces somos prudentes en expandir nuestro liderazgo para conservar lo que ya funciona, o para centrarnos en promover altos estándares de calidad, o para protegernos del entorno, o quizás para complacer a las personas que nos rodean.

 

Pero si realmente queremos liderar; es decir, contribuir a añadir valor al entorno (en aquello que éste necesite), no nos queda más remedio que aprender a buscar y conocer nuestros límites.

 

 

¿Cómo buscar nuestros límites al liderar?

 

Para conocer nuestros límites al liderar es necesario hacerse unas preguntas. Cuanta más claridad haya en las respuestas, mejor será nuestra capacidad de liderar una situación.

 

Aquí van algunas preguntas a responderse, especialmente en situaciones retadoras o críticas que requieran de nuestro liderazgo personal.

 

 

Las dos primeras preguntas tienen que ver con la INTENCIÓN:

 

1.- ¿Cuál es la necesidad actual que cubrir?

Todo empieza por saber e integrar la razón última del porqué debemos actuar. Nuestros valores detonarán nuestro deseo de llevar a cabo una acción.

 

2.- ¿Qué quiero impulsar?

Se trata de aquello que tengo que hacer para cubrir la necesidad. A menudo no es algo que venga tanto (o sólo) de la cabeza, sino especialmente del corazón. Es algo que siento, más que algo que pienso.

 

A continuación, nos deberemos contestar a tres preguntas que nos guían en la PREPARACIÓN:

 

1.- ¿Cómo evitaré el autosabotaje?

A menudo cambiaríamos una situación de forma decidida y proactiva, pero encontramos un sinfín de razones por las cuales es mejor no hacerlo. Nos justificamos, y nos tranquilizamos para estar seguros, cómodos o no meternos en líos. Minimizar este patrón empujará nuestra efectividad en el liderazgo.

 

2.- ¿Cuál es mi círculo de influencia?

Pero si decidimos ponernos a la acción es importante saber qué es lo que está claramente en mis manos; aquello en lo que puedo influir en algún nivel, para empezar a generar movimiento sin caer en la frustración.

 

3.- ¿Cuáles son mis “modelos de liderazgo” a seguir?

Tener también personas de referencia que han liderado, o lideran, situaciones similares, (y a las que admiramos), sean cercanas o personajes públicos, puede ser también fuente de inspiración para ponernos en acción.

 

 

A continuación, viene la gran pregunta a hacerse respecto a la ACCIÓN:

 

¿Qué acciones me comprometo a llevar a cabo “hasta el final”?

El movimiento se demuestra andado. Así que ponernos manos a la obra haciendo aquello que sabemos y sentimos que toca hacer, es el principal elemento para liderar una situación. Y es muy importante hacerlo hasta que encontremos algo (o alguien) que nos pare o nos muestre otro camino o dirección que puede ser más eficiente para lograr el resultado.

 

Cuando tenemos una firme determinación en realizar algo, debemos seguir hasta el final sin traicionarnos; y que sea la vida la que nos ponga los límites para poder aprender qué márgenes existen para llevar a cabo la acción.

 

Desconocer cuáles son los límites que tenemos al liderar una situación nos puede llevar a la mediocridad o a la insatisfacción por no cubrir con las expectativas generadas por nuestro propósito.

 

Si desconozco mis límites al liderar puede ser que me quede a medio camino y haya desaprovechado una oportunidad de oro para marcar la diferencia. Y la única forma de conocer los límites es llegar hasta ellos.

 

Una vez el impulso a la acción esté en marcha a partir del liderazgo personal, es también fundamental hacerse alguna pregunta más para entender la consecuencia del mismo.

 

Aquí van tres preguntas para provocar la REFLEXIÓN:

 

1.- ¿Cuál ha sido mi contribución de valor?

Valorar el antes y después de la intervención dará sentido al liderazgo personal, así como reforzará el músculo para realizar otra acción en el futuro.

 

No hay nada más motivador para construir el futuro que el éxito conseguido en el presente.

 

2.- ¿Cuál ha sido mi impacto en las personas, y en el entorno?

Poder chequear también cómo mis acciones han afectado a las personas de mi sistema, así como al sistema en sí mismo, nos ayudará a valorar el coste-beneficio, así como la legitimidad de los medios utilizados.

 

3.- ¿Qué he aprendido acerca de mi forma de liderar?

Las lecciones aprendidas durante el trayecto también nos ayudarán a calibrar nuestra capacidad de respuesta, para estar listos a actuar cuando vuelva a surgir la necesidad a cubrir.

 

 

En definitiva, liderar es un proceso de máximos, de proactividad e iniciativa, que nos empuja a explorar terrenos desconocidos, y en los cuáles encontramos la energía, y los recursos, para aumentar nuestra respuesta a los retos que vivimos.

 

 

Si no conocemos nuestros límites, no crecerá nuestra capacidad de liderazgo personal.

 

 

Enric Arola

Enric Arola

 

 

 

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