El Síndrome del Impostor afecta a muchos directivos y directivas que, aun teniendo éxito, se sienten inseguros en su rol de liderazgo. Como coaches, vemos a menudo cómo piensan que no aportan todo el valor que se espera de ellos o incluso llegan a creer que no “merecen” la posición que ocupan.

 

Los estudios más recientes indican que entre un 70 y un 80% de los profesionales en posiciones de responsabilidad han experimentado en algún momento de su carrera el Síndrome del Impostor.

 

¿Sabré cubrir las expectativas de la posición que ocupo?

¿Estoy preparado técnica y mentalmente para desarrollar mi rol?

¿Responderé a la confianza que han depositado en mí?

¿Soy la persona ideal para hacer el trabajo?

¿Las personas de mi equipo me validan?

¿Me lo creo?

 

Todos padecemos del Síndrome del Impostor en algún nivel. En especial cuando entramos en una organización o nos promocionan a una posición de más responsabilidad, pueden surgir dudas sobre nuestra capacidad de generar éxito.

 

Nadie quiere llegar a experimentar el “Principio de Peter”, que tiene que ver con promocionar hasta llegar a nuestro nivel de incompetencia. Pero seguro que, más pronto o más tarde, vamos a confrontar nuestros límites de buen desempeño y de cumplir con lo que se espera del rol que ocupamos. Es NORMAL. Y así tiene que ser. Es ley de vida.

 

Pero lo que sí podemos hacer es trabajar para que nuestro desempeño vaya aumentando, incluso cuando aumenten nuestras responsabilidades. Y para hacerlo hay que empezar a domesticar nuestros “saboteadores” internos que a menudo nos recuerdan todo aquello que nos falta para llegar a ser “tan buenos” como pensamos que debemos ser.

 

Si el Síndrome del Impostor está desatado, vamos a sufrir en el rol que ocupamos en el sistema en cuestión. Si, en cambio, mantenemos el Síndrome del Impostor a raya, vamos a disfrutar cada vez más de nuestra posición actual.

 

Síndrome del Impostor

 

A continuación, te presento 10 aspectos que considero importantes para ir domesticándolo, en especial, cuando este síndrome crezca desmesuradamente:

 

  1. Céntrate en “ser mejor”, en lugar de “ser el mejor”. Esto te permitirá ir creciendo de forma continua sin frustrarte. Lo primero es creativo, lo segundo es reactivo.

 

  1. Muéstrate vulnerable diciendo lo que sabes, y lo que no sabes también. Haciéndolo evitarás defraudar expectativas y potenciarás el trabajo en equipo.

 

  1. Aprende a pedir ayuda, incluso a las personas que dependen de ti. Esto va a hacer que las personas de tu equipo crean en ti, y seas un rol-model de la cooperación.

 

  1. Rodéate de los mejores para aprender, no para compararte. Los buenos profesionales se retroalimentan cuando evitan la competitividad tóxica.

 

  1. Busca proyectos profesionales donde te sientas psicológicamente seguro. Así evitarás un entorno hostil que saque tu liderazgo más reactivo y dubitativo.

 

  1. Pide lo que necesitas sin caer en la queja, la crítica o el victimismo. Esto te va a convertir en un interlocutor creíble con poder real de influencia en los demás.

 

  1. Habla bien de ti mismo para ir aumentando tu “poder personal”. No se trata de ser vanidoso, pero sí justo con uno mismo, valorando tu esfuerzo en mejorar.

 

  1. Ocupa roles profesionales que encajen con tus valores personales. Esto permite alinear mi yo-persona (mis principios) con mi yo-rol (lo que el sistema me pide).

 

  1. Asegúrate de cumplir tus retos para sentirte capaz y enfocado. No hay nada más impulsor del éxito, que el éxito mismo. Acumula éxitos, aunque sean pequeñitos.

 

  1. Trabaja periódicamente tu propósito vital y tu visión profesional. Haciéndolo le darás sentido a lo que haces, e irás musculando tu capacidad de resiliencia.

 

Espero que estos 10 aspectos te resuenen en algún nivel para seguir aumentando tu habilidad de mantener a raya el Síndrome del Impostor que a todos nos visita cuando la cosa se pone retadora.

Síndrome del Impostor

 

Enric Arola

Enric Arola