Individualidad y colectividad son dos variables que tienen que convivir en la organización. La cultura de equipo, la visión, la estrategia, el liderazgo, la definición de objetivos, la productividad o la planificación, entre otras, tienen su vertiente individual, así como su aplicación colectiva.
Las dos se retroalimentan y se hacen fuertes mutuamente, ya que para construir una cultura de equipo sólida necesitamos que las personas que lo forman estén dando su mejor versión. Y, a su vez, si el colectivo es potente, este fomentará que las individualidades crezcan.
El problema viene cuando la individualidad se nos dispara hasta el punto de romper este equilibrio.
Los equipos sufren más por la excesiva individualidad de sus integrantes que por el exceso de alineamiento del mismo (aunque este caso también existe en algunos equipos y también necesita ser abordado).
Paradójicamente, esta tendencia de entronar la individualidad la vemos mucho en los deportes de equipo. Por ejemplo, cualquier entrenador de futbol que quiera conseguir resultados a largo plazo intenta por todos los medios primar y enfocarse al colectivo antes de jugárselo todo a su estrella.
Pero la sociedad busca super estrellas con las que identificarse, y a las que mitificar, esperando que estas sean las que consigan los éxitos. De hecho, muchos éxitos de equipos se han reconocido poco por el exceso de reconocimiento a las estrellas del momento.
Cuando se trata de trabajo en equipo, la individualidad luce cuando el equipo es fuerte.
Si sabemos que tenemos tendencia a premiar la individualidad, por encima de la colectividad, con la creencia (aunque verbalicemos otra cosa) de que seremos más rápidos, más productivos, y más libres de acción y decisión, tenemos que ir ajustando los hábitos corporativos para ir impulsando una cultura organizativa más unitiva.
Aquí van algunas ideas para impulsar la cultura de equipo en las empresas:
- Hacer más pedagogía de la cultura de trabajo en equipo en la organización, con el objetivo de que todos los líderes, equipos, y profesionales de la misma integren el trabajo en equipo como valor prioritario.
El trabajo en equipo no es una opción. Es una obligación.
- Priorizar el reconocimiento público o privado al esfuerzo y a los logros colectivos, incluso por encima del reconocimiento a los logros individuales. Para que de esta manera no exista la tentación de buscar sólo el éxito personal para ganar estatus y reputación en la organización.
No es posible ser un líder o profesional referente si este no contribuye al éxito del equipo.
- Aumentar el número de proyectos transversales, y así aprender a coordinarse, gestionar la diversidad y, así, conseguir que la productividad del sistema sea mucho más que la suma de las partes.
Las organizaciones cada vez buscan a profesionales que tengan visión sistémica, y las competencias adecuadas para liderar proyectos transversales.
- Fomentar las presentaciones, o comunicaciones, acordadas y lideradas por varias personas (o varios equipos) a la vez, con la intención de dar más voz al equipo y al conjunto de la organización.
Aprovechar cualquier evento o comunicación de empresa para que las personas entiendan que las decisiones, los éxitos, o los reajustes a hacer, tienen que ver con el conjunto y no sólo por decisiones personalistas.
- Evitar las comparaciones entre profesionales y, en su lugar, impulsar las sinergias entre estos, para disminuir la competitividad tóxica entre personas y equipos.
Así como sabemos hacerlo en casa con la familia, o con los amigos, tenemos que hacer brillar también a las personas que trabajan con nosotros. Hablar bien de ellos, cederles el escenario, reconocerlos públicamente…
- Priorizar los sistemas de incentivos por productividad colectiva por encima de los incentivos por productividad individual, para que quede claro que esto va de sumar todos.
Si queremos consolidar una cultura de equipo, ¿por qué seguimos premiando más el trabajo individual que el colectivo? Podemos añadir primas individuales que midan la mentalidad, esfuerzo e involucración de la persona en impulsar el trabajo en equipo.
- Facilitar intervenciones y programas de desarrollo profesional a nivel colectivo, para que todas las personas de un equipo entiendan que su obligación también es la de hacer crecer a sus compañeros y compañeras.
Impulsar dinámicas como la mentoría entre pares, o la involucración de todos al definir los planes de desarrollo de cada persona del equipo, pueden ser algunas iniciativas a llevar a cabo.
- Atreverse a apostar por fórmulas de coliderazgo en la organización, que esta puede ir digiriendo, como el compartir el liderazgo formal de un proyecto entre dos personas, o probar con equipos autodirigidos para tareas específicas sin la supervisión del responsable del área.
Ir disminuyendo, al nivel que se pueda asimilar, la jerarquía organizativa permitirá a la organización aumentar el empoderamiento de sus profesionales, a la vez que incrementar su nivel de satisfacción y autorrealización profesional.
Enric Arola








