Los tics verbales pueden revelar mucho sobre nuestro nivel de autoconfianza y sobre cómo ejercemos el liderazgo. En liderazgo, es fundamental tomar conciencia de que el lenguaje crea realidad. Lo que decimos, y la forma en que lo hacemos, influye directamente en cómo nos comportamos frente a situaciones específicas.

 

Los tics verbales en el liderazgo pueden ser un reflejo de nuestra autoconfianza y de la manera en que afrontamos los retos personales y profesionales.

 

Julie Diamond, autora del concepto Inteligencia de Poder, distingue entre “Poder Posicional” y Poder Personal”. El primero se refiere a la influencia y atribuciones que vienen determinadas por el hecho de ocupar un rol determinado en nuestro equipo. El segundo tiene que ver con la sensación de poder (seguridad personal) que el individuo experimenta a nivel interior mientras ocupa esa posición.

 

De esta manera, hay personas con alto poder personal que ocupan posiciones de mucha responsabilidad, mientras que otras, en la misma posición, experimentan un poder personal bajo.

 

En palabras de Julie, el poder posicional nos otorga licencia para actuar, mientras que el poder personal determina nuestra capacidad de actuar.

 

Existen una serie de patrones verbales que usamos al comunicarnos que pueden llegar a ser indicadores de nuestro poder personal. Estos tics verbales, o patrones de comunicación que repetimos sin darnos cuenta, pueden llegar a crear una realidad reactiva que afecte nuestro liderazgo.

 

Cuando hablamos expresamos nuestros mapas mentales respecto a la forma de gestionar nuestra vida de la forma más eficiente. Nuestro lenguaje es la prueba, y el principal indicador, de lo que vamos a hacer y de cómo lo vamos a llevar a cabo.

 

Nuestros tics verbales y patrones de habla reflejan cómo gestionamos la reactividad y la iniciativa en nuestra comunicación diaria.

 

Identificar y transformar los tics verbales es clave para fortalecer el poder personal y mejorar la comunicación en el liderazgo.

 

Los 10 Tics Verbales y sus Alternativas

 

1. Abusar del “intentaré”.

A veces, cuando decimos que intentaremos hacer algo estamos preparándonos para fracasar en el intento, o nos estamos dando permiso a no comprometernos del todo.

Alternativa

Disminuir el uso de la palabra “intentaré”. Al hacerlo, nos obligamos a decidir si realmente queremos y nos comprometemos plenamente a realizar la acción. Se hace, o no se hace.

 

2. Quejarse de la situación.

La queja es un indicador del liderazgo reactivo de la persona. Nos sitúa en la zona de preocupación, y nos aleja de la zona de influencia que es aquella que sí está en nuestras manos. Ocuparse en lugar de preocuparse.

Alternativa:

Centrarse en aquellas acciones, por pequeñas que sean, que contribuyen a poner remedio a las situaciones que nos desagradan. Siempre (siempre) hay algo que podemos hacer, aunque sea un tema de elegir la actitud a adoptar.

 

3. Pedir perdón cuando no tiene sentido hacerlo.

Existen persones que, abusando de la complacencia, sienten que “molestan”, se hacen pequeñitas, o piensan que pueden ser cuestionadas por las personas del entorno. Por este motivo tienden a disculparse de forma automática incluso en aspectos en los que no tienen responsabilidad alguna, o por circunstancias del entorno que no controlan.

Alternativa:

Aumentar autoconciencia en el proceso de disculparse ante los demás. Disculparse principalmente cuando se crea un impacto no deseado que tenga que ver con las propias acciones. Pedir a las personas de su entorno que le hagan de espejo de cuando se está disculpando sin sentido o por aspectos que no tengan que ver con su responsabilidad.

 

4. Abusar del “un poquito”.

En ocasiones añadimos esta palabra en nuestra comunicación con el propósito de suavizar o minimizar la intención o acción que queremos realizar. Al hacerlo podemos estar potenciado un perfil bajo en el momento de ejercer nuestro liderazgo personal. Jugar “a lo grande” requiere de un lenguaje más expansivo y positivo.

Alternativa:

Al inspirar y comunicar acciones a los demás, minimizar el uso de esta palabra (o similares) a no ser que tenga un sentido literal; ya que a menudo la usamos más como “edulcorante” que no como adjetivo fiel a la situación real.

 

5. Callar cuando hay que hablar.

No siempre damos el paso adelante para expresar lo que sentimos, lo que pensamos, o lo que deseamos hacer. Hablar tiene un coste, y no todas las personas se sienten cómodas al expresarse, aunque sea desde el total respeto. El no decir las cosas en el presente, puede generar resentimiento en el futuro.

Alternativa:

Aunque a veces no se hable porque se piense que no se necesita añadir nada más, es bueno que se exprese el punto de vista propio para que las otras personas comprendan su postura. Además, compartir los sentimientos y las sensaciones ante una situación es un acto de vulnerabilidad que inspira a los demás a hacer lo mismo y a tomar iniciativa.

 

6. Alimentar, o ser cómplice, de la rumorología.

Hacer suposiciones es un acto natural del ser humano, fruto del razonamiento. Pero cuando se nos va de la mano provoca ansiedad y miedo gratuito en uno mismo y en los demás. Y esto escala y ocasiona un enorme derroche de energía, un ambiente crispado, y una gran pérdida de tiempo.

Alternativa:

Ser respetuosos al hablar de las personas, o de sus acciones, incluso cuando el entorno nos “invita” a jugar a la rumorología para ser aceptados por el grupo. Evitar caer en esta tentación. Todo sea hace por algo, y todas las personas se comportan de una determinada forma por una intención legítima. Sustituir el juicio por la curiosidad y el querer entender, ayudará a desactivar el rumor.

 

7. Tomar partido para no tener problemas.

Liderazgo no siempre significa tomar partido. Puede que así sea en ocasiones, pero cuando al hacerlo aumentamos la polarización del entorno, el liderazgo colectivo se torna reactivo. Liderar significa también tender puentes y poder ver la “verdad parcial” de cada parte.

Alternativa:

Al ocupar posiciones de responsabilidad hay que asumir un compromiso con el “bien común”, lo cual en ocasiones significa hacer malabarismos para no dejar huérfana alguna de las necesidades legítimas que están confrontadas. Acostumbrarse a verbalizar en público lo bueno y necesario de cada una de las partes ayudará a que estas encuentren aquello que les une.

 

8. Ir al ataque al sentirse acorralado.

Existen líderes que piensan que la mejor defensa es un buen ataque. El problema es que, aunque se “gane la batalla”, los planteamientos “ganar-perder” (o perder-ganar) no generan resultados positivos en el futuro, sino más bien destruyen alianzas, lo cual empeora la productividad.

Alternativa:

Ser coherentes con los propios valores e ideas no tiene por qué estar reñido con facilitar el ejercicio de los valores e ideas de las otras personas. Adoptar fórmulas de comunicación no violenta, así como aumentar la consciencia sistémica en el liderazgo personal, ayudará a que el liderazgo personal aumente su resonancia en el entorno.

 

9. Culpar a los demás por necesidades no cubiertas.

Cada vez que culpamos a alguien minimizamos nuestro liderazgo y nos hacemos pequeños ante los demás. Así mismo, al culpar “invitamos” a la otra persona a que responda reactivamente ante nuestra postura también reactiva. La reactividad se retroalimenta hasta que alguien (con más seguridad personal) rompa la dinámica y transforme una comunicación tóxica en una comunicación constructiva.

Alternativa:

Cuando alguien nos culpa es recomendable ponernos a su servicio, preguntándole cómo le podemos ayudar. Haciéndolo haremos que la otra persona (que esperaba una actitud a la defensiva) disminuya su necesidad de seguir culpando, lo cual iniciará una conversación basada en las peticiones mutuas.

 

10. No creerme lo que digo.

El mundo a menudo parece que nos invite a adoptar un perfil derrotista, llegando a pensar que las cosas no irán tan bien como nos gustaría. Este pesimismo hace mella en nuestro diálogo interno, lo cual incrementa nuestros saboteadores internos. En estos momentos no creemos en nosotros mismos, ni en nuestra capacidad de salir airosos de los contratiempos.

Alternativa:

Es humano, y hasta sano, abandonarnos a la pena o frustración cuando las cosas no van bien. ¡Nos merecemos nuestro derecho a sentirnos decepcionados! Dicho esto, no vale compadecerse más de la cuenta; por qué sinó va a ser más difícil salir del pozo. Permitirse el “bajón”, y a la vez ponerle límites, en tiempo y en forma, nos puede ayudar a volver a recuperar la energía y seguridad personal.

 

Estos 10 tics verbales muestran, como decíamos, nuestro poder personal; que es fundamental para poder respetar el poder posicional del rol que ocupamos en nuestro equipo o sistema.

Te invito, lector, a que pienses cuál de estos tics verbales usas a menudo, qué impacto tiene en tu liderazgo, y que podrías empezar a hacer distinto para aumentar tu poder personal.

 

Transformando"tics verbales" en comunicación efectiva

 

Enric Arola

Enric Arola