No hay liderazgo sin desarrollo. No existe el desarrollo sin la sorpresa. Acompañar personas y equipos tiene que ver con desarrollar el potencial para conseguir superar los límites actuales y así lograr mayores retos. Para que además esto sea una realidad es preciso que las cosas se afronten con un nuevo espíritu, saliéndose de la corriente imperante o lo que se ha hecho hasta la fecha. Como ya sabemos, si hacemos lo mismo, vamos a obtener resultados similares. Sólo si hacemos algo desde nuevos enfoques, podremos obtener resultados muy distintos. Hoy escribo sobre sorpresa y liderazgo.

Muy a menudo, en las conferencias, formaciones, o sesiones de coaching ejecutivo o de equipos, hay personas que se manifiestan sorprendidas. Y me lo hacen saber. Y habitualmente esto pasa por enfrentarse a una realidad, un comentario, una reflexión o un planteamiento muy distinto al asumido por uno mismo. Cada vez que esto pasa, hay una palabra que le digo a la persona en cuestión, y ésta es: “¡Felicidades!”.

Felicidades, ya que se encuentran delante de una nueva puerta, cerrada hasta la fecha, que puede darles acceso a un mundo que, por desconocido, puede ser apasionante y contener también algún que otro regalo que le puede ser muy útil en su vida personal y/o profesional. Felicidades, porque esta sorpresa puede ser una pista muy buena para empezar un nuevo camino que lo dirija hacía el destino que la persona quiere lograr.

Cuando algo nos sorprende es porque nos rompe nuestros esquemas antiguos y nos invita a despertar de un sueño donde todo lo vemos con el mismo color. Esto, que puede llegar a ser muy ilusionante, también provoca habitualmente mucha incomodidad y hasta angustia, de ahí que nos produce sentimientos encontrados.

La sorpresa causa dudas y nos sacude hacia una nueva realidad, a veces atractiva o puede que incluso amenazante, pero que normalmente no nos deja indiferentes.

Sorpresa y liderazgo

La sorpresa como aliada del desarrollo

En toda sorpresa existe un concepto emocional, ya que todo lo que nos sorprende es porque nos emociona en un u otro sentido.

También sabemos que la emoción provoca acción, ya que cuando sentimos con intensidad nos movilizamos hacia una dirección, bien sea para acercarnos o para alejarnos de aquello que “sentimos”.

El proceso de desarrollo personal y profesional, por consiguiente, está muy vinculado a lo que nos sorprende y cambia nuestra forma de plantearnos algunas acciones. De ahí que es bueno ser conscientes del papel que juega la sorpresa como impulsor y hasta indicador del crecimiento personal.

  • La sorpresa como impulsor de la reflexión. Cuando un líder acompaña a las personas con la finalidad de que adquieran recursos para liderar el cambio, es preciso provocar en ellas pequeñas “revelaciones” o “despertares” acerca de situaciones que hasta la fecha observaban desde prismas distintos. El líder es el que facilita este espacio de cambio de paradigma para que las personas de su equipo puedan disponer de líneas de pensamiento alternativas que haga posible desencadenar y solucionar obstáculos creados con los “viejos” pensamientos. Hacer esto es lo que denominamos habitualmente “thinking out of the box” (pensar fuera de los límites habituales).
  • La sorpresa como indicador del proceso de cambio. Cuando queremos ser más hábiles en nuestras competencias de liderazgo necesitamos practicar nuevos hábitos que nos hagan probar nuevas formas de hacer aún más efectivas que las usadas en el pasado y que nos facilitarán acercarnos a nuestros objetivos. Cuando hacemos algo distinto, a través de nuestra comunicación o de nuestras acciones, el entorno las percibe como algo novedoso que no “cuadra” con nuestro registro anterior. Es por eso que animamos a la persona que se encuentra en un proceso de desarrollo de su liderazgo a que sorprenda! Hacerlo es una muy buena señal. Si no es así, es que sigue haciendo lo de siempre, sigue dentro de su “caja”. Esto no es nada fácil ya que a menudo la persona sabe que cuando hace algo nuevo causa suspicacias en los demás, y hace que estos puedan incluso pensar mal y llegar a preguntarse que querrá o estará tramando esta persona. Si los nuevos hábitos perduran, esta desconfianza originada por esta sorpresa positiva se irá normalizando e integrando en el nuevo patrón de liderazgo de la persona en cuestión.

La sorpresa pues no es gratuita, puede tener un coste a corto plazo y también puede acarrear grandes dividendos a largo plazo. Crecer, cambiar, y desarrollar a los demás requiere desear sorprender, ya que esta es la señal de que vamos por buen camino y de que algo bueno pasará.

¡!Te animo pues a que sorprendas!!

Enric Arola