¿Después de llevar tiempo dándolo todo por tu organización, cumpliendo con toda tu intención más positiva, y tu presencia más plena, muestras alguno de estos comportamientos?

 

  • Siento una sensación de vacío, al no sentir-me correspondido (y no sólo por condiciones económicas). No me compensa el esfuerzo realizado.

 

 

  • Sin que fuera mí intención, tengo comportamientos de abuso de poder para hacer que las cosas pasen a mi alrededor. Me siento culpable por presionar a las personas de mi equipo.

 

  • Me quejo, y a la vez me excuso, continuamente, por no obtener los resultados esperados. Entro en un loop de “no-éxito” que genera barreras para, precisamente, conseguir el éxito.

 

Si te identificas con alguno de estos comportamientos es importante, en primer lugar, no lamentarse ni autoflagelarse; y por el contrario, prueba con alguna de las siguientes iniciativas:

 

Figura roja distinta y lupa

 

 

Pon en valor todo lo que has conseguido hasta la fecha.

Recuérdatelo de vez en cuando. Puede ser preciso recordárselo también a las personas del entorno, pero mayormente es un aviso a título personal.

El mejor feedback positivo es el que se da uno mismo.

 

 

 

Pregúntate “para qué” trabajas tan duro.

Y asume las consecuencias al hacerlo. Quizás te lleves alguna sorpresa.

Estar en contacto con el propósito personal en la vida es la brújula para el liderazgo integral.

 

 

 

Reconstruye relaciones profesionales que se hayan deteriorado con algunas personas del trabajo por empujar más de la cuenta.

Muéstrate valiente y vulnerable para dar el primer paso y volver a reparar poco a poco las relaciones dañadas.

De nada sirve un logro profesional si rompe una relación personal.

 

 

 

Domestica tu excesivo sentido de la urgencia porque tu organización no lo va a hacer por ti.

El apetito actual de las organizaciones es insaciable. No le queda otra para subsistir. El problema es que una empresa, como sistema, puede digerirlo, pero una persona se empacha mucho más rápido.

La velocidad sin control conlleva, tarde o temprano, abuso de poder.

 

 

 

Abstente de ser el “salvador”, para así evitar empequeñecer a los demás.

Las dinámicas organizativas tienden a seleccionar a los más “preparados” para ponerse al frente, dejando que otros se queden detrás. Los líderes no pueden ser cómplices de esto. Sinó dejan de ser líderes.

Liderar no significa quitar responsabilidad a los demás.

 

 

 

Cuídate a nivel personal para cuidar el entorno.

Cuando trabajamos a destajo no vemos más que la zanahoria que hay enfrente; y cuando pasa esto no cuidamos nuestras necesidades físicas, emocionales, y mentales; y cuando ocurre esto, obviamos las necesidades de los demás.

¿Qué sentido tiene “quemarse” al trabajar? Ni el profesional, ni su empresa, van a salir ganando por ello.

 

 

 

Cualquier organización necesita gente valiente que la haga prosperar. Gente con iniciativa y tesón que piense y actúe ofreciendo su mejor versión. ¿Dónde hay que firmar?

 

 

 

 

Pero, a la vez, cualquier empresa necesita que esta valentía, esta gran firmeza de sus líderes, sea compatible con su bienestar, así como con el bienestar de toda la organización. Sino es así… ¡No funciona!

 

Enric Arola

 

 

Enric Arola

 

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