Uno de los deseos de desarrollo en liderazgo más extendidas de los directivos y directivas es la de potenciar un estilo de gestión basado en la confianza, que haga posible crear equipos cohesionados que, a partir de un clima emocional positivo y estimulante, consiga que sus integrantes den su mejor versión.

 

En muchos casos, estas personas que lideran equipos ven como un gran reto afrontar la gestión emocional compleja que significan las interacciones entre las personas que forman un grupo de trabajo.

 

A menudo, los profesionales que ostentan posiciones de gran responsabilidad lo hacen porque han demostrado poseer un nivel de orientación a la acción, y un sentido de la urgencia por encima de la media, lo que ha supuesto que se les premie con estas posiciones de dirección.

 

En ocasiones esta energía motora o impulsora choca con otra energía fundamental para gestionar personas: la que vienen determinada por sostener, acompañar y cuidar.

 

Y, ¿porqué a menudo estas dos energías no se llevan bien? Fundamentalmente por un tema de velocidad. La primera vive de generar movimiento para que las cosas pasen; mientras la segunda reclama atención a las necesidades de las personas y del entorno, lo que requiere de pausa para poder comprender de forma empática y profunda.

 

Estas personas que desean y recetan velocidad para conseguir resultados, tarde o temprano, se dan cuenta de que, más pronto de lo que creían, el ritmo que imponen puede que llegue a convertirse en un verdadero freno para lograr los resultados esperados.

 

Cuando la persona se da cuenta de ello, empieza a valorar de verdad el factor “confianza” entre las personas que conforman el equipo. Y no me refiero a creérselo desde un plano teórico (la mayoría ya se lo creen), sino también a creérselo desde un nivel de plena involucración práctica.

 

Hay muchas personas que lideran siempre desde la razón, y se olvidan de que muy a menudo es más eficiente, y da más resultados, liderar desde el corazón.

 

Tengo la suerte de acompañar a un directivo muy brillante a nivel técnico. Como ingeniero que es de formación, tiene la visión y los conocimientos adecuados para hacer frente a los retos de su rol actual en la organización. A la vez, echa en falta potenciar su radar emocional para saber crear alianzas de plena confianza con sus interlocutores internos y externos.

 

Durante una sesión me comentó que su deseo de desarrollo como líder pasa por “vulnerabilizarse”, lo cual es toda una declaración de intenciones. Creo que esta palabra no existe en lengua castellana, pero debería; ya que representa el deseo personal de abrirse emocionalmente a los demás.

 

No es posible crear relaciones de confianza sin mostrarse vulnerable ante los demás, y esto significa “desnudarse emocionalmente”, lo que supone cambiar muchas creencias y, sobretodo, superar miedos, y arriesgarse a probar cosas nuevas.

 

 

Ideas para vulnerabilizarse

 

Pero por mucha formación de base técnica, o por mucho que se tenga una personalidad preferente más racional que social, o incluso a pesar de las experiencias vividas en el pasado, nunca es tarde para vulnerabilizarse. Aquí van algunas ideas para empezar a hacerlo:

 

  • Chequea tu propio estado emocional. Ante situaciones complejas y que supongan un foco de tensión para ti, pregúntate cómo te sientes. Reflexionar acerca de tus propias emociones, y ponerles nombre, te ayudará a entender tus necesidades, así como la de los demás.

 

  • Adopta un lenguaje. Exprésate desde el corazón, y no sólo desde la cabeza. Haz saber a las personas cómo te sientes ante una decisión o hecho en particular, y no sólo comparte lo que crees que ha pasado o lo que hay que hacer. Hasta una reunión de equipo es un muy buen momento para hacerlo.

 

  • Explora las necesidades detrás de las respuestas emocionales de los demás. Ante una reacción emocional de otra persona que pueda provocar, a su vez, una respuesta emocional en ti, o en otras personas, averigua lo que la está generando. Cuando se trata de emociones potencialmente tóxicas nos daremos cuenta de que existe algún miedo, o algún tipo de sufrimiento, que explican las respuestas emocionales de los demás.

 

  • Pregunta a las personas de tu entorno acerca de tu impacto emocional. Desnudarse emocionalmente tiene que ver con querer saber cómo se sienten las personas de mi entorno cuando interactúan conmigo. Cuando estoy con ellas, cuando me comunico con ellas, o cuando hago alguna actividad con ellas, genero una respuesta emocional que es importante conocer para poder construir una relación positiva y de confianza mutua.

 

  • Al decidir, contempla los “pros” y los “contras”, tanto a nivel racional, como a nivel emocional. Aunque las empresas están formadas por personas, en algunas ocasiones las decisiones parecen más impersonales de lo que realmente deberían ser. Si decantamos la balanza en favor de alguna de las dos dimensiones, a medio o a largo plazo volveremos a tener que ocuparnos del asunto, al no haber quedado resuelto.

 

 

Infografia ideas para vulnerabilizarse

 

Por limitado que sea nuestro lenguaje (interno y externo) emocional, si empezamos a practicar, vamos a comprobar lo bien que nos sienta a nosotros mismos, y también lo bien que sienta a los demás. Aunque al inicio pueda costar, ¡vale la pena!

 

Así que, amigos, no olviden super-vitaminarse, mineralizarse, así como también ¡vulnerabilizarse!

 

Enric Arola

Enric Arola

 

 

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